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El salvavidas digital de Irán: cómo Starlink mantiene a los ciudadanos conectados en medio de los cierres gubernamentales

El gobierno iraní impuso un apagón casi total de Internet y telefonía el 8 de enero, dejando a más de 90 millones de personas aisladas del mundo exterior. Esta oscuridad digital siguió a protestas antigubernamentales generalizadas provocadas por las dificultades económicas y las demandas de un cambio de régimen. Si bien el gobierno ha restablecido parcialmente algunos servicios, muchos iraníes siguen desconfiando de la vigilancia y no pueden conectarse internacionalmente. En medio de esta represión, el servicio de Internet por satélite Starlink de Elon Musk se ha convertido en un salvavidas fundamental, que permite la comunicación a pesar de la criminalización por parte de las autoridades iraníes.

La lucha por la conectividad en Irán

Las protestas, que comenzaron a finales de diciembre, fueron alimentadas por una economía en colapso: el rial iraní es ahora la moneda menos valiosa del mundo y la inflación supera el 40%. La respuesta del gobierno ha sido brutal; Los informes de la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, sugieren que más de 18.000 manifestantes han sido arrestados, mientras que el número de muertos oscila entre al menos 2.600 y más de 20.000.

En estas condiciones, Starlink ofrece una conexión vital, aunque arriesgada. SpaceX ha proporcionado acceso gratuito a decenas de miles de usuarios iraníes. Sin embargo, el gobierno interfiere activamente las señales y persigue a quienes utilizan el servicio, lo que obliga a los usuarios a operar de forma clandestina.

A pesar de estos esfuerzos, los activistas han introducido de contrabando aproximadamente 50.000 terminales Starlink en Irán. Los desarrolladores incluso han creado herramientas para compartir conexiones más allá de dispositivos individuales, amplificando el acceso donde más se necesita.

Los satélites como cuestión de derechos humanos

La situación en Irán subraya una tendencia más amplia: los satélites son cada vez más esenciales para documentar y responder a las crisis humanitarias. A falta de acceso a nivel del suelo o de informes locales confiables, las imágenes y los datos satelitales proporcionan evidencia crítica de las atrocidades.

Como se informó en noviembre, la guerra civil sudanesa era visible desde el espacio, y los datos satelitales revelaron un derramamiento de sangre en medio de un apagón total de las comunicaciones. Actualmente, alrededor de 15.000 satélites orbitan alrededor de la Tierra, dos tercios de los cuales pertenecen a la megaconstelación Starlink de SpaceX.

La amenaza a la infraestructura espacial

La dependencia de los satélites no está exenta de riesgos. El creciente número de satélites en órbita terrestre baja (LEO), que se prevé superará los 560.000 en 2040, aumenta la probabilidad de colisiones. Una cascada catastrófica de colisiones conocida como síndrome de Kessler podría inutilizar LEO, alterando tecnologías esenciales como el GPS, el monitoreo meteorológico y la Internet satelital.

SpaceX está intentando mitigar este riesgo reduciendo la altitud de 4.400 satélites, pero el problema sigue siendo una amenaza inminente. La ONU reconoce el acceso a Internet como un derecho humano, y la posible pérdida de infraestructura satelital afectaría de manera desproporcionada a los 2.600 millones de personas en todo el mundo que carecen de conectividad.

En última instancia, el destino de la tecnología satelital está entrelazado con nuestra capacidad de monitorear y responder a las crisis en la Tierra. Sin ellas, el mundo corre el riesgo de quedarse en la oscuridad, incapaz de verificar afirmaciones o documentar el sufrimiento humano.

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