Disney ha adoptado una postura firme contra el uso no autorizado de su propiedad intelectual en inteligencia artificial y entregó a Google una carta de cese y desistimiento esta semana. La medida se produce cuando el gigante del entretenimiento busca simultáneamente un acuerdo de licencia de mil millones de dólares con OpenAI, lo que pone de relieve una estrategia compleja hacia el contenido generado por IA.
Preocupaciones por derechos de autor y la disputa de Google
El núcleo de la queja de Disney se centra en los modelos de inteligencia artificial de Google que supuestamente infringen sus protecciones de derechos de autor “a gran escala”. Según la carta, Google no ha implementado salvaguardias contra el uso no autorizado de los personajes y el contenido de Disney, a pesar de la disponibilidad de tales medidas. Disney acusa a Google de explotar comercialmente sus derechos de autor mientras se beneficia del contenido generado por los usuarios en plataformas como YouTube, propiedad de Google.
Esta no es una preocupación nueva. El rápido avance de las herramientas de generación de imágenes y vídeos de IA (ejemplificados por los modelos de IA Gemini 3 y “nano banana pro” de Google) ha amplificado los temores entre los propietarios de propiedad intelectual. La facilidad con la que ahora se puede crear contenido realista de IA aumenta los riesgos para la aplicación de los derechos de autor. Disney, con su vasta biblioteca de personajes icónicos, se ha convertido en un punto focal en estos debates.
La paradoja de OpenAI: licencias versus litigios
El enfoque de Disney no es puramente conflictivo. Si bien desafía legalmente a Google, la compañía también ha llegado a un acuerdo importante con OpenAI. Este acuerdo de mil millones de dólares otorga a OpenAI el derecho a utilizar más de 200 personajes de Disney en contenido generado por IA, incluidas las franquicias de Marvel, Pixar y Star Wars. El acuerdo integrará ChatGPT en las operaciones internas de Disney y presentará videos de Sora AI en Disney Plus.
Esta doble estrategia (litigar contra los infractores percibidos y al mismo tiempo otorgar licencias de su contenido a desarrolladores de IA) sugiere que Disney está buscando controlar la narrativa en torno a la IA y la propiedad intelectual. En lugar de resistirse por completo a la IA, se está posicionando para beneficiarse de la tecnología y al mismo tiempo proteger sus activos principales.
Tendencias más amplias de la industria
Disney no está solo en esta batalla. Universal y Warner Bros. ya han presentado demandas contra Midjourney AI por violaciones de derechos de autor similares. La pregunta central sigue siendo: ¿cómo se adaptan los marcos legales al contenido generado por IA que se parece mucho a obras protegidas por derechos de autor? Esto se complica aún más por el hecho de que los modelos de IA a menudo se entrenan con datos disponibles públicamente, incluido material protegido por derechos de autor, lo que crea un área gris para la aplicación de la ley.
La disputa entre Disney y Google, junto con la asociación OpenAI de Disney, subraya la urgencia de estos debates. La industria del entretenimiento está buscando activamente formas de monetizar la IA y al mismo tiempo garantizar que su propiedad intelectual permanezca protegida.
La situación pone de relieve una tensión fundamental: el desarrollo de la IA depende en gran medida del contenido existente, pero las leyes de derechos de autor no fueron diseñadas para este nivel de automatización. El resultado de estas batallas legales sentará precedentes que darán forma al futuro del contenido generado por IA y los derechos de propiedad intelectual.
