Antonio Gracias, fundador de Valor Equity Partners, está popularizando el concepto de startups “proentrópicas”: empresas diseñadas no solo para sobrevivir, sino también para beneficiarse de la creciente inestabilidad global. Este cambio de mentalidad se produce cuando el cambio climático, las tensiones geopolíticas y los rápidos cambios tecnológicos aceleran el ritmo de disrupción en todas las industrias.
El auge de la proentropía
Gracias acuñó el término proentrópico para describir empresas que se preparan activamente y explotan condiciones caóticas. La idea surge de la segunda ley de la termodinámica, que establece que todos los sistemas se mueven naturalmente hacia el desorden (entropía). En lugar de luchar contra esta tendencia inevitable, las empresas proentrópicas la adoptan.
Comenzó a considerar este marco por primera vez en 2013, anticipando que la desglobalización y los cambios tecnológicos remodelarían las estructuras de poder en todo el mundo. Ahora, con un mundo que se inclina claramente hacia el caos debido al crecimiento demográfico y la disrupción tecnológica, la necesidad de dicha preparación es más urgente.
¿Cómo es una startup proentrópica?
No se trata simplemente de empresas en mercados estables, sino de aquellas que predicen la inestabilidad futura y construyen estrategias en torno a ella. Un rasgo clave es el “pensamiento probabilístico”, una suposición de que cualquier cosa puede cambiar en cualquier momento. Esto significa tener en cuenta escenarios extremos y posicionarse para sacar provecho de ellos.
A menudo se cita a SpaceX como ejemplo: no sólo tiene éxito en el mercado espacial actual, sino que también está estructurado para adaptarse a cambios impredecibles en la tecnología, la geopolítica o incluso eventos catastróficos.
Más allá de la supervivencia: coraje moral y oportunidades
Gracias cree que el éxito en esta era requiere no sólo adaptabilidad, sino también “coraje moral”: la voluntad de desafiar las narrativas predominantes. Señala la intersección del clima, la energía y el hardware, y cita a Tesla como modelo para integrar software y hardware de manera efectiva.
Rechaza el temor común de que la IA provoque pérdidas generalizadas de empleos y malestar. En cambio, considera que el auge de las herramientas de código bajo/sin código empodera a más personas para iniciar empresas, lo que desencadena la productividad a una escala sin precedentes. En definitiva, cree que el futuro no está predeterminado: “Decidiremos si tenemos un futuro utópico o un futuro distópico”.
El surgimiento del pensamiento “proentrópico” indica un reconocimiento cada vez mayor de que la supervivencia en el siglo XXI depende de la creación de empresas que no sólo sean resilientes, sino que fundamentalmente estén diseñadas para prosperar en condiciones de incertidumbre. Ya no se trata de evitar la disrupción; se trata de aprovecharlo.