Conflicto con Irán: una guerra en la que la victoria sigue siendo difícil de alcanzar

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El actual conflicto con Irán presenta una cruda paradoja: a pesar de sufrir graves reveses militares, incluida la pérdida de liderazgos clave y la destrucción generalizada de activos, Irán puede emerger en una posición geopolítica más fuerte. Este resultado no tiene que ver con el dominio del campo de batalla, sino con el apalancamiento económico y la naturaleza asimétrica de la guerra moderna.

El Estrecho de Ormuz como palanca

El bloqueo iraní del Estrecho de Ormuz ha demostrado ser notablemente eficaz, obligando a Estados Unidos a sentarse a la mesa de negociaciones bajo una intensa presión económica. Si Washington da marcha atrás, validará la capacidad de Irán para mantener como rehén a la economía global, asegurando efectivamente una victoria a pesar de la derrota militar. Esto sería un fracaso significativo para la coalición entre Estados Unidos e Israel, particularmente dada la falta de previsión estratégica al iniciar el conflicto.

El vacío estratégico de Trump

El presidente Trump lanzó la guerra sin un final claro, cambiando objetivos repetidamente. Esto demuestra que el poder militar bruto no puede compensar una falta total de dirección estratégica. Su tendencia a declarar la victoria independientemente de los hechos ha sido ineficaz esta vez, ya que Irán se niega a ceder a pesar de un castigo sustancial. El conflicto pone de relieve la diferencia entre tácticas en el campo de batalla y estrategia geopolítica.

Guerra asimétrica y resiliencia iraní

El conflicto ilustra la creciente asimetría de la guerra moderna. Estados Unidos e Israel despliegan tecnología de punta, incluida la inteligencia artificial, para infligir graves daños a la infraestructura militar de Irán. Sin embargo, Irán aprovecha los drones baratos para agotar los costosos sistemas interceptores, sabiendo que incluso unos pocos ataques exitosos contra activos estadounidenses (bases, hoteles o instalaciones energéticas) constituyen una victoria. En conflictos asimétricos, Irán sólo necesita tener suerte una vez; Estados Unidos e Israel siempre deben tener suerte.

El poder de la geografía

El conflicto subraya un principio eterno de la guerra: la geografía importa. La ubicación de Irán le da influencia sobre el Estrecho de Ormuz, una vía fluvial crítica para el comercio mundial de petróleo. Incluso si Estados Unidos logra reabrir el estrecho mediante la fuerza o la negociación, Irán permanecerá en el lugar, habiendo demostrado la potencia de su arma geográfica. Esta lección no será olvidada por el resto del mundo.

El conflicto de Irán demuestra que en la guerra moderna, “ganar” no siempre se trata de conquistar territorio. Se trata de explotar las vulnerabilidades, aprovechar las ventajas asimétricas y negarse a seguir las reglas convencionales. El resultado probablemente remodelará la geopolítica global, independientemente de quién declare formalmente la victoria.