Trump contra Bush: un cambio en la política exterior estadounidense

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Durante décadas, la política exterior del Partido Republicano estuvo definida en gran medida por la dinastía Bush: recortes de impuestos, libre comercio y guerras intervencionistas justificadas por la expansión de la democracia. Pero el ascenso de Donald Trump destrozó ese modelo, prometiendo aranceles, aislacionismo y rechazo a la hegemonía global. Si bien algunos populistas de derecha esperaban una ruptura total, la realidad tiene muchos más matices. La política exterior de Trump no es una ideología coherente, sino una mezcla volátil de nacionalismo, oportunismo y capricho personal.

La superposición: continuidad en la agresión

Tanto Bush como Trump autorizaron guerras preventivas, buscaron cambios de régimen en Medio Oriente, aumentaron el gasto en defensa, mantuvieron despliegues militares globales e incluso cometieron crímenes de guerra. La invasión de Irak por parte de Bush sin el apoyo de aliados clave de la OTAN presagió las amenazas de Trump incluso contra naciones amigas. La principal diferencia no está en si usaron la fuerza, sino en por qué y cómo.

Neoconservadurismo versus oportunismo nacionalista

George W. Bush adhirió al “neoconservadurismo”, una creencia en el dominio militar estadounidense combinado con la expansión del capitalismo democrático. Esto significó rehacer las naciones hostiles a la imagen de Estados Unidos, justificando las intervenciones con retórica moral sobre la libertad y la prosperidad. Aunque a menudo hipócrita, la administración de Bush duplicó la ayuda exterior e invirtió en el desarrollo global, incluido un programa de tratamiento del VIH por valor de 15.000 millones de dólares.

Trump, sin embargo, abandonó tales pretensiones. Su enfoque es explícitamente nacionalista: la ayuda exterior es un desperdicio; los acuerdos comerciales están amañados en contra de Estados Unidos; y la intervención militar se justifica por beneficios inmediatos, no por ideales abstractos. Enmarca abiertamente las políticas como formas de explotar a otras naciones, ya sea apoderándose de recursos o debilitando a sus rivales.

Las consecuencias de la divergencia

Las intervenciones de largo plazo de Bush en Irak y Afganistán causaron muerte e inestabilidad generalizadas y costaron billones de dólares. Las aventuras de Trump han sido menos sangrientas (hasta ahora), pero sus recortes a la ayuda exterior ya han provocado un aumento de muertes por enfermedades y desnutrición. Su desprecio por los aliados los ha acercado a China, debilitando la influencia estadounidense.

El cambio del universalismo hipócrita de Bush al nacionalismo caótico de Trump no es sólo cosmético. Representa un rechazo del pensamiento estratégico de largo plazo en favor de ganancias de corto plazo, incluso a expensas de la estabilidad global. Si bien los populistas de derecha buscaron poner fin a la era Bush, no anticiparon una política exterior definida por el gangsterismo: la coerción desnuda en pos de intereses nacionales mal definidos.

En última instancia, la política exterior de Trump puede no poner a Estados Unidos en primer lugar, pero prioriza un enfoque transaccional despiadado, dejando a los pobres del mundo en una situación mucho peor.