¿Puede la tecnología fMRI leer sus intenciones antes de actuar?

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La mayoría de las personas tienen una fantasía fugaz sobre lo que harían si sorprendieran a un ladrón de autos en el acto. O tal vez se haya parado en Best Buy, mirando un enorme televisor de plasma de 60 pulgadas, y se haya preguntado si podría simplemente colgárselo al hombro y salir por la puerta. Probablemente te abordarían. Pero esos son sólo pensamientos pasajeros, ¿verdad? No planes.

La línea entre un pensamiento fugaz y una intención genuina es el centro de un acalorado debate ético provocado por un estudio de febrero de 2007 en Current Biology. Dirigida por John-Dylan Haynes del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas del Cerebro Humano en Alemania, la investigación demostró que los científicos ahora pueden leer las intenciones humanas con sorprendente precisión utilizando MRI funcional (fMRI) y sofisticados algoritmos informáticos.

Esto no es ciencia ficción. Es una realidad que nos obliga a plantearnos preguntas serias sobre la privacidad, el libre albedrío y el futuro de la aplicación de la ley.

Cómo los científicos descifran los patrones cerebrales

El experimento fue sencillo en diseño pero complejo en ejecución. Los investigadores utilizaron MRI funcional para monitorear la actividad cerebral mientras los sujetos formaban sus intenciones. A los participantes se les dijo que verían dos números y que tenían que decidir de antemano si sumarlos o restarlos.

Hubo un retraso entre ver los números y las matemáticas mismas. Esta brecha fue crítica. Permitió a los investigadores aislar la actividad cerebral asociada con la decisión de sumar o restar, separada de la estimulación visual de los números o la actividad motora de realizar el cálculo.

La verdadera magia ocurrió en el software. Los patrones cerebrales no están claramente localizados en un pequeño lugar. Para interpretarlos, los científicos necesitaban algoritmos capaces de analizar la actividad simultánea en diferentes regiones del cerebro. Construyeron un sistema que correlacionaba resultados específicos de resonancia magnética funcional con estas intenciones aisladas.

Precisión y corteza prefrontal

Los resultados fueron aleccionadores. Al combinar datos de fMRI con su software personalizado, los investigadores podían adivinar si un sujeto tenía la intención de sumar o restar los siguientes números con 70 por ciento de precisión.

Para la tecnología de lectura de mentes en etapa inicial, esto es significativo. La clave estaba en la corteza prefrontal. Los patrones de actividad en el medio de esta región diferían claramente según si el sujeto planeaba sumar o restar. Básicamente, el algoritmo mapeó estos cambios sutiles en la estimulación para predecir el resultado.

El estudio también validó varias hipótesis de larga data sobre cómo el cerebro maneja la volición:

  • Las intenciones libremente elegidas se almacenan en la corteza prefrontal.
  • Las intenciones basadas en órdenes externas se almacenan en partes del cerebro diferentes a las basadas en elecciones internas. “Seguir órdenes” vive en la superficie del cerebro, no en lo profundo de la materia gris.
  • Cuando una intención se convierte en acción, la actividad neuronal se desplaza a un área ligeramente diferente. Básicamente, el cerebro “copia” la intención y la transfiere para ejecutar la tarea.

El atolladero ético

Si los científicos pueden identificar la actividad cerebral que señala intenciones específicas, las aplicaciones son ilimitadas. Aquí es donde el debate sobre la tecnología de lectura de la mente pasa de la curiosidad académica a la discusión política urgente.

Lo bueno es que esto podría revolucionar la tecnología de asistencia. Podríamos ver sillas de ruedas, computadoras y prótesis activadas por el cerebro que responden al pensamiento. Una persona con parálisis podría pensar: “Quiero revisar mi correo electrónico” y la computadora podría abrir su bandeja de entrada al instante.

En el lado más oscuro, las implicaciones para la justicia penal son escalofriantes. ¿Podríamos detener un crimen antes de que suceda? Imaginemos un gobierno donde todos sean monitoreados en busca de señales de intenciones violentas o criminales. Si el cerebro de una persona registra la intención de mentir, robar o hacer daño, ¿eso la hace culpable?

La tecnología actual es rudimentaria. No puede leer oraciones complejas ni estados emocionales profundos. Pero puede distinguir entre dos problemas matemáticos simples basados ​​en la intención. Si esto aumenta, corremos el riesgo de castigar a las personas por pensamientos que nunca se materializaron en acciones.

Los científicos ya están pidiendo un debate internacional sobre estas implicaciones éticas. Necesitamos decidir hasta dónde estamos dispuestos a dejar llegar esta tecnología antes de que se convierta en una herramienta de vigilancia en lugar de asistencia.

¿Qué sigue?

La siguiente fase de la investigación tiene como objetivo construir una “base de datos de intenciones que lea la mente”. Si podemos identificar con precisión las firmas neuronales de acciones específicas (leer una palabra, mover una extremidad o mentir), los usos potenciales explotan.

Pero el tiempo corre. Muchos expertos temen que esta tecnología se implemente antes de que comprendamos completamente sus limitaciones o su impacto social. La brecha entre “qué pasaría si” y “qué sería” se está cerrando rápidamente.

Por ahora, puedes guardarte tus intenciones para ti. ¿O puedes?

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Recursos externos

  • GuardianUnlimited: el escáner cerebral que puede leer las intenciones de las personas
  • Sociedad Max Planck
  • NewScientist: La máquina lectora de mentes sabe lo que ves